‘Isla de la Tortuga’ abre la conversación sobre raza y poder en la iglesia

Por Janie Beck Kreider

NORTH NEWTON, Kansas (Iglesia Menonita de EE. UU.) — En la reunión conjunta de la Junta Ejecutiva (JE) de la Iglesia Menonita de EE. UU. y el Concilio Racial/Étnico (REC por sus siglas en inglés) el 10 de noviembre, comenzaron el día participando de una actividad del Comité Central Menonita denominado “La pérdida de la Isla de la Tortuga”. Este ejercicio interactivo aborda la historia de violencia y opresión sufridas por los indígenas americanos por parte del gobierno de Estados Unidos y el rol de la iglesia en la creación y perpetuación de la doctrina del descubrimiento.

Turtle Island
Miembros y personal de la JE, el Concilio Racial/Étnico y personal del Menonita Central Comité Central Plains participan en “La Pérdida de la Isla de la Tortuga”. Foto por Janie Beck Kreider.

El ejercicio también trata la complicidad de la iglesia menonita en esta historia de violencia, como benefactores de tierras tomadas de los indígenas americanos, como participantes en escuelas residenciales donde los indígenas fueron desalojados de sus hogares y como defensores de la forzada asimilación cultural y religiosa en las escuelas al igual que en contextos de las iglesias.

La actividad marcó la pauta para compartir desde la vulnerabilidad y para sumergirse en cómo los sistemas de la Iglesia Menonita de EE. UU. afectan negativamente a las personas de color y continúan dañando las relaciones. El REC hizo preguntas acerca de cómo funciona el poder formal e informal en la Iglesia Menonita de EE. UU., cómo llegar a los “puntos de acceso del poder” y cómo tener voz en los procesos en los que se están tomando decisiones.

Leslie Francisco, presidente de REC y miembro de la JE de Hampton, Virginia, dirigió la reunión conjunta a la par de Patty Shelley, moderadora de la JE. Francisco señaló la percepción de REC de que los procesos de toma de decisiones de la denominación son confusos y circulares, pasando de uno a otro entre la JE y el Concilio de Líderes Constituyentes (CLC), las conferencias y las congregaciones. “Seguimos dando vueltas y vueltas”, dijo Francisco. “Pero ¿quién se hace responsable? ¿Cómo manejamos los asuntos en la iglesia?”.

La JE comenzó nombrando los “puntos de poder indiscutidos” de la junta para convocar reuniones, organizar los temas a tratar y diseñar los procesos de quién presenta los temas y cómo. También nombró el poderoso rol desempeñado por el Comité de Discernimiento del Liderazgo (LDC) de “decidir quién está en la mesa” al designar los miembros de la JE y de diversas agencias de la iglesia más amplia.

Resultó más complicado nombrar el poder informal y cómo funciona la toma de decisiones. Los miembros de la JE señalaron que depende de la pregunta que se esté haciendo: existe poder a nivel de la conferencia, en las congregaciones o en el cuerpo de delegados. Nisha Subaiya Springer, de Dallas, Texas, expresó que la denominación prefiere funcionar con un modelo de consenso, y los que están en el liderazgo “tienen miedo de tomar una postura”, pasando las decisiones de un grupo a otro hasta que se logra suficiente consenso. Rick Stiffney, director ejecutivo de Servicios Menonitas de Salud (MHS, por sus siglas en inglés) sugirió que la JE tiene “autoridad moral” al relacionarse con las agencias de toda la iglesia. Otros sugirieron que las personas de toda la iglesia suponen modelos y comprensiones diferentes de autoridad, y que “ninguna de nuestras decisiones ata u obliga a personas que no las quieran seguir”.

“Descubrimos que las congregaciones tienen el poder cuando intentamos que hagan cosas”, dijo Sam Voth Schrag, miembro de la JE de St. Louis, Misuri.

Un grupo de trabajo de la JE determinará los pasos a seguir para continuar la conversación en reuniones futuras.

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Traducción por Cristina Horst

En inglés